Lunes, 28 de Julio de 2014  
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El Mejor Negocio en México es $er Político


Por Armando Zenteno
Central Virtual de Noticias

Ciudad de México.-Hipócritas, traidores, ladrones, saqueadores, corruptos, apóstatas, oportunistas, prófugos, cínicos criminales, pederastas, narcos y explotadores. El mejor negocio en México es $er político.

Estas cadenas de corrupción crean la Corruptocracia. Una forma de esta corruptocracia comienza, por ejemplo, con la venta de calificaciones de profesores a alumnos, o papás que compran notas aprobatorias, o directores que venden el derecho de ingreso a una escuela, o profesores que compran sus plazas de trabajo, o supervisores que venden permisos para tienditas, o mimadas de ex gobernadores que las hacen presidentas de partidos, o maestros aviadores que son candidatos a senadores.
Todos ellos son parte de la corrupción política que perjudica la esperanza de prosperidad y estabilidad, así como que perjudican a la economía.

Hay muchísimos otros factores que van de la mano de la corrupción, además de la educación, pues la corrupción es una señal manifiesta de los desajustes sociales imperantes. Además, nuestra conciencia da pauta a nuestro actuar y esto se basa en nuestra moral y ética. Con la doble moral y ética elástica que tenemos, en México cada vez se justifica más un acto corrupto.

Se olvida que la corrupción es putrefacción, alteración, vicio, abuso, falsificación, cohecho, seducción, sedición, desorden, suciedad, mentira, irrespeto, traición, lujuria, codicia, haraganería, patrioterismo, faltas, delito, pecados veniales, pecados mortales, soberbia, odio, etc.

¿Qué si quién encabeza toda esa lista?... ¡El gobierno, por supuesto y de ahí hasta que nos llega el turno a usted y a mi!

Y es que para sobrevivir  en México debemos aplicar la máxima de: “La Corrupción Somos Todos, pues el que no tranza, no avanza”.

Aunque hasta entre los perros hay razas y entre los corruptos no falta una especial: Los Cleptócratas que pertenecen al exclusivo club de la Cleptocracia, que es el término usado despectivamente para señalar a un gobierno de corrupto y ladrón, pues todos los mecanismos de coerción social están para gravar excesivamente con más impuestos a las personas  y así ellos, los miembros de la Cleptocracia, puedan comprar sus aviones y hacer sus helipuertos, amasar grandes fortunas personales para lavarlas en paraísos fiscales y encubrir los saqueos que se hacen de la gente.

Los cleptócratas, por su naturaleza de  delincuentes, crean gobiernos absolutistas, cerrados a la fiscalización real para ofrecer una cara simulada de la misma. Se especializan estos gobiernos en manipular los procesos políticos, sociales, económicos y administrativos de sus gobernados, para continuar en control del botín que se han repartir a manos llenas.

Así tenemos que la sociedad mexicana entiende la conducta política como la oportunidad de enriquecerse de manera insultante, costumbre vista como normal. Basta leer algunos diarios para darse cuenta que el cinismo es tal entre los cleptócratas que exhiben sin pudor su único interés: el puesto político como vía de enriquecimiento.
También hay que ser justos: no todos los que alcanzan un puesto público roban. Me ocupo aquí del asunto que tiene al robo como institución y tradición, que de normal se convierte en normativo. Hasta tenemos un dicho: en el año de Hidalgo, Chingue a su madre el que deje algo.

Tenemos pues con todo esto, que en México la política se ha convertido en un mero simulacro. Un simulacro que tuvo antes tres etapas: la Aristocracia de Méritos, la Oligarquía, la Demagogia y hoy, la Cleptocracia.

Independientemente de si gobierna cualquier partido, el sistema político establece, desarrolla y reproduce el poder con base en el hurto al dinero de la gente, por cualquier forma y a cualquier precio, incluso la vida de los gobernados.

Los Cleptócratas justifican esto diciendo que necesitan todo ese dinero para sostener a la democracia más cara del mundo: la mexicana, donde seis de cada 10 no votan y los partidos políticos reciben millonarias sumas en un país de muertos de hambre y analfabetas.

Ah, pero el Instituto Federal Electoral no es quien determina a quién le toca más de botín, sino a la Cámara de Diputados, sociedad anónima de capital insaciable, cuyos diputados pidieron en 2006 la renuncia de los consejeros del IFE no para el avance democrático de México sino para negociar los puestos vacantes y colocar a consejeros afines que les ayuden a realizar trampas a su favor.

Podríamos seguir, pero pienso también que en un país donde pueblo, burocracia y gobierno son analfabetas, el “arma de la crítica” -como la llamó Marx- pierde totalmente su eficacia, pues una arenga como ésta no va a ser leída, no va a ser tomada en cuenta, o no va a ser entendida.

Entre algunos periodistas y los diversos sectores sociales existe también una marcada tradición de anti intelectualismo, lógica herencia del analfabetismo funcional. ¿Es usted parte de todo esto?...

 

 



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